lunes, 11 de junio de 2012

Siempre nos quedará Nadal

foto: mediateca de rtve . Rolan Garros 2012

El  destino ha querido coronar a quien ya es, sin discusión, el mejor jugador sobre tierra batida de la Historia del Tenis. El indiscutible número UNO.
                En la pista central del Bois de Boulogne, llamada desde hace algunos años Philippe Chatrier en homenaje a quien fue presidente de la Federación Francesa primero y de la Internacional, después, el mallorquín Rafael Nadal ha ganado la final del que es el segundo torneo de Grand Slam –en orden simplemente correlativo- del año: Roland Garros. Y ha ganado superando al actual número uno del “ranking” ATP, el serbio Novak Djokovic, por 6-4,6-3, 2-6 y 7-5, después de 3 horas y 49 minutos de una lucha dura, firme, rigurosa, exigente…
                Nadal pudo verse ganador cuando dominaba por 6-4,6-3 y 2-0, momento en que la lluvia –y el serbio- cambiaron el rumbo que había tomado el partido. Una pista mojada, una bolas más pesadas, un “lift” –el de Nadal, ya que Nole juega más “plano”- que pierde lógica profundidad , un Juez de Silla dubitativo y un Juez Arbitro que no interviene cuando debe –lo hace tarde y mal- le dan una vuelta espectacular a los acontecimientos. Djockovic encadena 8 “games” seguidos, se anota el tercer periodo por 6-2 y domina en el cuarto por 2-1, con “breack” inicial. Aquí, si, por fin, llega la suspensión definitiva hasta el día siguiente, lunes. Antes, con 6-4 y 5-3 para el mallorquín ya hubo una primera interrupción durante 31 minutos. Nadal se enfada  con Stefan Fransson, el Juez Árbitro: “¿Ahora sí que paras el juego? ¿Por qué no lo has hecho antes cuándo no se podía jugar?” En aquel asomo de barrizal los golpes con efecto y bote corrido de Rafa, no tomaban altura ni tenían profundidad. Un tiro a la línea de servicio, a media pista, era una invitación al vals para el “swing” bajo de Djokovic
                Desde 1973 la lluvia no había obligado a los organizadores a retardar la final. Entonces, fue, la final más larga… y, a la vez,  más corta de la Historia. El rumano Ilie Nastase –un genio, aviso, para quien no le haya conocido, jugando- le ganó al zurdo yugoslavo, Nikky Pilic, 6-3-6-3 y 6-0… el martes siguiente al domingo en que estaba programada la final. Nasty  superó, sin ceder un solo “set”  a Pinto Bravo, Hrebec, Fassbender, Jauffret, Taylor, Gorman y al ya mencionado Pilic, en la final. La lluvia molestó como tantas otras veces y no fue ajena a sorpresas como las que representaron en la tercera jornada, las eliminaciones del australiano Newcombe, el  americano Richey y el español Gimeno. John Newcombe, que había ganado los Internacionales de Australia, había anunciado su deseo  de recorrer el camino que le permitiera componer el “Grand Slam”. No pudo ser. Por cierto, que el “Grand Slam” solo se consigue si se ganan los cuatro grandes (Australia, Paris, Londres y Melbourne)  en un mismo año.. Por eso se equivocan los comentaristas que habían anunciado que, esta vez, en Roland Garros, Nadal se jugaba superar a Borg en títulos de Roland Garros –ya saben, 6 por 7- y Nole componer el Grand Slam ya que venía de ganar Australia y, el año pasado, Londres y Nueva York. Hubiera ganado los cuatro grandes, de corrido, si…pero en dos años. Y eso, por meritorio que sea, no vale. Cuando lo hizo Martina Navratilova le hicieron devolver premio y honor que, prematuramente, le habían otorgado.
                Por cierto que aquel año de 1973, la noticia más importante deña o fue el boicot de la mayoría de los grandes tenistas, a Wimbledon. Y todo empezó, precisamente, en Paris, dos horas después de que Pilic perdiera aquella final con Nastase. En aquel preciso momento la Federación Internacional anunciaba al rubio yugoslavo que le suspendía durante un mes. La Federación de la entonces Yugoslavia, alegando que Pilic se había negado a jugar la eliminatoria de Copa Davis contra Nueva Zelanda ( con apretado triunfo, 3-2, de este último país), pidió la descalificación del ex -profesional por…¡nueve meses!.  Pero la ATP, organización de novísimo cuño, le defendió y se puso de su parte. Sus compañeros boicotearon Wimbledon . ¡Hasta 66 jugadores dejaron de participar!…Ausentes, pues, los mejores,  ganó el checo Kodes, muy buen jugador…pero mejor en tierra que en la  hierba londinense. La final se la ganó Kodes a otro hombre preferentemente de arcilla, como el ruso Metrevelli.
                Retomando el filo de la actualidad, hay que aplaudir como se merece la victoria de Nadal., sobreponiéndose a todo…y también, como es natural, a la clase y categoría de su oponente, actual número uno del mundo. Djokovic y su gente –padres , novia y amigos- quizá se vieron campeones antes de tiempo, dada la remontada de su jugador, tras haber cedido las dos manga iniciales. Una vez consumada la suspensión, a última hora del domingo, estaban exultantes, felices y contentos, dedicándose a lo que parecía una celebración anticipada: acabaron con el Möet  y se fumaron –que no mordisquearon- algún habano de marca postinera. Djana, la madre  del número uno, parecía la más convencida de todos, como ya había mostrado en el palco de invitados.
                Pero Nadal sabe, mejor que nadie, lo que supone la reflexión, el trabajo, la voluntad, la exactitud, la precisión… Nada que se consiga antes de tiempo, con el azar por aliado, tiene auténtico valor.
                Y no se extrañe nadie que, al final, luciera el sol. París debe ser, seguramente, la Melbourne europea. Allá, en Australia, en la capital de Victoria, se viven, a menudo, las cuatro estaciones del año…en un solo día. Aquí, en París, sino las cuatro, al menos tres pueden acontecer en una sola jornada. Nunca olvido que, tras más de cuarenta años dando vueltas por el mundo, fue precisamente en la capital de Francia donde, después de pasar un frio infernal en la pista de ese mismo Roland Garros, al día siguiente, por la noche, en el hotel en el que me  alojaba tuvieron que llamar, de madrugada, a un médico de urgencia para que me tratara…¡una insolación!.
                 Ya saben, “siempre nos quedará París”. Y haciendo buena la frase, al deporte español, pase lo que pase, “siempre le quedará Nadal”.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Una final que es un partido de fútbol


Hemos llegado a la semana del último partido oficial. Entre nosotros, el  fútbol de los clubes acabará este viernes con la final de Copa entre el Athletic y el Barça. Y a medida que se acerca la  hora la vamos liando más y más… Hay demasiada gente interesada en meter la cuchara…pero son muy pocos los que estén dispuestos a hacer la sopa con el sabor adecuado.
                “Fútbol es fútbol” decía aquel. Pues, eso…Dejémoslo en fútbol. Políticos de aquí y de allá  ya meten esa cuchara solo para alimentar sus intereses partidistas. Los propios… Nadie piense en el fútbol y sí en como enmarañar más el cadejo.
                Ahora lo que más interesa es cuanto y como van a silbar a la Monarquía  –Rey o Príncipe, da igual-  las aficiones  catalana y vasca. Y ya se están poniendo la venda antes de la herida.  La señora Espe –la de siempre- ya mete la gamba, como es costumbre en ella, diciendo que  ”si silban, se anula el partido y se juega otro día a puerta cerrada”. Y se queda tan ancha. No hay en España, ni en su autonomía problemas más serios que esos a los que esa señora alude…probablemente para que se nos olviden esos números que ha maquillado para ofrecer a todo el Estado unas cuentas que, a la hora de la verdad, ha habido que rectificar, doblando – ¡DOBLANDO!- el déficit que inicialmente había facilitado al Gobierno y a las Cortes. Esperanza Aguirre es de esa clase de personas que para hacer política no necesitan inteligencia ni siquiera imaginación. Les basta con no tener decoro.
                Ha dicho Rosell – con razón- que el público tiene derecho a manifestarse y a expresar su  opinión.  Pero a mi me gustaría matizar que hay foros para todo. Y para expresar la disconformidad con la institución monárquica  hay otros caminos que no sea un partido de fútbol. Por eso tampoco estoy de acuerdo con esos políticos de Euskadi y de Catalunya que desde hace varios días vienen diciendo que se llene el escenario de esa final con ikurriñas y senyeras,  confundiendo la velocidad con el tocino. Si…Ya se que estoy predicando en un desierto. Pero es mi opinión y mi manera de ver las cosas. “Funbol es funbol…”, ¿verdad, señor Boskov?”. Y todavía me parece menos razonable y mucho más peligroso que la Delegada del Gobierno, en Madrid, se empeñe en organizar una manifestación en contra de las nacionalidades vasca y catalana, con gentes portadoras de banderas con el aguilucho, otros con el famoso y execrable  - en una bandera nacional, que no por sí mismo- toro de Osborne  y otros –los menos-portando la bandera de España, constitucional.
                Los que me conocen saben que soy catalán y que defiendo el catalanismo. Pero donde creo que debo hacerlo. No me gustan los sainetes ni el desabrimiento, fuera de contexto. Cuando uno juega la Copa del Rey sabe a lo que se expone: a ganarla, entre otras cosas. Y a que se la entrega  el propio Rey o, en su defecto, aquel que le represente que, en este caso, parece que será Felipe de Borbón. Forma parte del protocolo  que envuelve esta competición.
                En un partido de fútbol aplaude y anima a tu equipo. Respeta al adversario. Si ganas, celébralo. Si  pierdes en buena lid, dale la mano  a quien te ha superado y felicítalo.  En deporte no debe haber lugar para la envidia ni el odio, que van siempre unidos dado que se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objetivo.
                ¿Cómo me gustaría a mi que se desarrollara este partido?. Es muy fácil. Unas gradas abarrotadas –que lo estarán- dos aficiones entregadas –que también lo estarán- alegría y respeto mutuos –salvo desagradables excepciones también será así, como ya  ocurrió en Valencia-  y que gane aquel que haga más méritos para ello. Cuando aparezca el representante monárquico, silencio.  Cuando suene el himno nacional español, no lo aplaudas si no lo sientes tuyo. Pero tampoco lo silbes. Como no silbarías ningún otro himno de ningún otro país del mundo, simplemente por mera educación. Y no olvidemos  que la educación hace a los pueblos fáciles de gobernar…si, pero  también   imposibles de esclavizar.
Aquel que odia no es más que un mártir que martiriza.
Ya se que –en mi vida es una constante-  como escribo más arriba, debo estar predicando en el desierto. Pero ante esta final de fútbol, simplemente de fútbol, deseo lo mejor, recelo lo peor…y no tendré más remedio que tomar lo que viniere.
                


miércoles, 2 de mayo de 2012

¿La Historia se repite?



Veamos… El Trofeo Conde de Godó, de tenis, acaba de celebrar su edición número sesenta. La final supuso  un partidazo ente Rafael  Nadal (campeón) y David Ferrer. Este último tiene fundamentos para proclamarse ganador  de un  torneo cuya cita decisivo ha jugado en cinco ocasiones.  Solo una pega…Al otro lado de la red está quien ya es, sin duda, el mejor jugador sobre tierra batida de la Historia. Con permiso de Borg que, me consta, ya se lo ha  dado. Y el año que no estuvo Nadal, David se topó con la mejor versión  de Verdasco.
                Rafa y David nos ofrecieron un duelo extraordinario que duró cerca de tres horas (dos horas y cuarenta minutos, para ser exactos) y en ese tiempo pudimos disfrutar de un tenis intenso, enérgico y, a  la vez,  artístico y depurado.
                Por la tarde de este mismo domingo de la final de tenis, el FC Barcelona jugaba su partido de Liga en Vallecas donde ganó por 7-0, con dos de esos goles obra de la gran figura del  equipo, Lionel  Messi. Y dentro de unos días, al Barça le espera la final de la Copa de España (hoy del Rey, antes del Generalísimo) en las que deberá enfrentarse al Athletic  Club de Bilbao, en Madrid.
                Sesenta años supone una buena efemérides para rememorar aquella primera final de 1953. Dios me ha ofrecido la oportunidad de haber estado presente en todas esas finales. Las sesenta. Aquel día, 7 de junio de 1953, se enfrentaron el norteamericano Vic Seixas y el sudamericano (argentino) Enrique Morea.  Este último, un argentino atípico por su forma de entender e interpretar el tenis. Un hombre muy alto -1’95 metros- dotado de un  servicio demoledor y un  estilo ofensivo de una calidad excelsa. Volea, smash y un efectivo juego de red. Un par de años antes el revés habría sido su golpe más débil, pero a fuerza de tesón, entusiasmo y mucha práctica acabó por equipararlo al resto de su inmaculado repertorio. Ganó Seixas, en tres “sets” (no  existía el “tie breack” y el último acabó  22-20). El partido duró cerca de tres horas. Mayor semejanza con esta última final, imposible.
                Y en la actualidad, también dentro de unos días, se jugará otra final de la Copa de fútbol (en Madrid  pese a la estupidez del Real que se negó a ceder su campo) entre el Barça y el Athletic. ¿Me siguen? Todo igual, igualito, que aquel lejano año de 1953. Porque también entonces, el mismo día de la final de tenis,  por la tarde, el Barcelona ganaba por 8-1 al Atlético de Madrid. Es decir, la misma diferencia que ahora contra el Rayo: 7 goles. Y la gran figura de la época, Ladislao Kubala, marcó –como Messi - dos goles. Y dio  otros cuatro.
                Falta añadir que en aquella final de la Copa de 1953 el Barça superó al Athletic por 2-1, con goles de Kubala y Manchón. Es decir, la figura y un extremo. Si ustedes son de los que creen –muchos piensan así-  que la Historia se repite, resulta evidente que el FC Barcelona se proclamará, dentro de poco, campeón de Copa. Y habrá que añadir que si el resultado es 2-1, los goles los marcarán Messi y Pedro. O quizá Alexis…
                Cierto que no hay ninguna razón objetiva que justifique este pronóstico. Acaso una simple reflexión empírica, fruto de una razonable analogía…sesenta años después.
También es verdad que sentirse ganador antes de tiempo a menudo resulta contraproducente. Como nos dice otro ejemplo entre los mismos Barça y Athletic, dos años antes de aquel 1953.En las semis de  1951, los bilbaínos empataron a ceros goles en el entrañable y recordado campo de Las Corts. Los aficionados bilbaínos, confiando en que ganarían la vuelta en San Mamés, colapsaron todas las posibilidades de desplazarse a Madrid para la final que ya intuían segura y, además, la directiva rojiblanca encargó veinte mil corbatas rojiblancas para las veinte mil personas que irían a Chamartín. Pero en aquel partido de vuelta, el Barça ganó 1-2, con goles de Nicolau y César. Y la final la jugó  el FC Barcelona. Y le ganó a otro equipo vasco, la Real Sociedad,  3-0, con goles de César y Gonzalvo III. Aquella semifinal es recordada como la de “las corbatas”.
                De manera que, ustedes mismos. ¿La Historia se repite?. Cautela, mucha cautela. Pero decisión y confianza. Eso, si. El último partido de Guardiola, al frente de un equipo que lo ha ganado todo, lo merece.