miércoles, 14 de septiembre de 2011

No me gusta Djokovic


No me gusta Djokovic. Lo confieso…Pero que nadie se confunda. Se que tan solo ha perdido 2 de los 66 partidos jugados últimamente. Se que ha ganado tres de los últimos torneos de Grand Slam –Australia, Wimbledon y Flushing- y que ha derrotado a Nadal en las últimas 6 finales en que ambos se han enfrentado.

                        Se también que es poseedor del resto más terminante  y definitivo de entre todos los mejores campeones del momento. Sobre todo, de derecha. Y que la suerte o el tino –o ambas cosas- le acompañan en esas bolas que envía para que rocen la línea, por fuera. Es el filo de la navaja. También la cinta le ayuda en ocho o nueve veces de cada diez porque está en estado de gracia. No se me escapa nada de eso…

                        Pero no me gusta el serbio desde hace tiempo. Desde que, muy jovencito, le ví, en Paris, tonteando con supuestas molestias que convertía en presunta lesión para ser atendido por el fisio y detener el juego perturbando así el dominio a que le tenía sometido el adversario. La escenita se repitió en Roma. El público le silbaba pero el reglamento permitía y toleraba su estratagema. Desde entonces no me gusta Nole. Y desconfío de su mirada, de su actitud, de su proceder…Ya saben: un día llegará el lobo, de verdad y por mucho que grite, nadie le va a creer.

                        En esta última final de Nueva York, Un Djokovic, tocado por una varita mágica o por la gracia de Dios, dominaba con cierta comodidad a Rafael Nadal quien desde hace unos meses intenta dar con la táctica para cambiar la tónica de esas últimas 6 finales jugadas contra el serbio. Personalmente creo que Rafa se equivoca jugando demasiado blando, con un revés cortado, alto y con poca profundidad, golpe que debería de ser un recurso extremo y no un arma táctica que no surge ningún efecto positivo. Desde que el manacorí se empeña en utilizar este golpe, antes muy poco frecuente en su repertorio, su juego pierde profundidad y, en consecuencia, eficacia. Un golpe así, pegado con bote por debajo de la rodilla, se estrella, seguro, en la red. Si el bote es más alto, y el golpe paralelo,  o se va fuera o es una invitación al remate del adversario. Comprueben las últimas estadísticas…

                        Pero al margen de todo esto, encontramos en la final de Nueva York, por ejemplo, la actitud del serbio al quejarse de dolores en la espala. Curiosamente, cuando Nadal comenzaba a entrar en el partido y se intuían posibilidades de que le diera una vuelta espectacular al marcador. Este tipo de artimaña es más viejo que el hambre.  Y por eso no me gusta Djokovic.

                        El tenista balcánico se pellizcaba -.para dar “muestras” claras de lo que le dolía- la zona del dorsal ancho y/o del oblicuo mayor del abdomen, en el costado derecho. El primero de esos músculos es el que, mayormente, la manipulaba el masajista  en sus apariciones sobre la pista del Arthur Ashe Stadium. Pero a la hora de pegarle a la bola, liftándola muy arriba, lo hacía con su estilo característico: golpe firme, en salto, manteniéndose en el aire y terminando el recorrido de la raqueta perpendicular al suelo. No lo cierra acabando con la raqueta por encima del hombro contrario. Yo les invito, si tienen contracturado el dorsal ancho y/o sienten dolor en esta zona, prueben a pegar ese golpe como lo hacía Djokovic .Ya me dirán si lo toleran.

                        Si…Ya se que en esos momentos el servicio del serbio perdió potencia. Podía tener, ciertamente, molestias y exagerarlas. O podía ser otra estratagema. Yo he visto perder muchos partidos, que aparentemente estaban ganados, porque el dominador, viendo los problemas del adversario, se queda sin capacidad de reacción, dado que su mente no está preparada para aceptar una situación inesperada, antes y durante el encuentro. 

                        Hacia el final, también Nadal pareció tener problemas en su pierna derecha. Puede que asomo de calambres, dada la dureza del partido, hasta entonces, el  calor bochornoso que había que soportar y el antecedente, muy reciente, del mallorquín retorciéndose de dolor y derrumbándose en la sala de prensa. Pero Rafa no paró el juego, soportó e mal trago como pudo, incluso aparentó entregar los últimos puntos sin rechistar y sin correr, porque no podía hacerlo. Y no llamó a nadie.  Insisto, no detuvo el juego. Le dio la mano a su adversario y le felicitó.

                        Por eso no me gusta Djokovic. No discuto que hoy es el número uno. Solo me atrevo a censurar su comportamiento que, yo, no veo claro. Puedo estar equivocado, por supuesto…  


jueves, 8 de septiembre de 2011

Cuando las barbas de tu vecino...


Del Nido se refiere al dinero de la televisión, citando a la Revolución Francesa. Hombre cultivado… Dice:”Lo que ahora pedimos la mayoría de los clubes, es lo mismo. Y recuerden como acabó aquel Rey de Francia…”  Cierto. Recuerden. Luis XVI acabó detenido y ejecutado, acusado de conspirar contra la Revolución.

Pero es bueno recordar también que en aquella Revolución hay que distinguir cinco etapas, con las que comenzó en toda Europa el proceso de las revoluciones…¡ojo!...burguesas. La burguesía, el grupo más activo del tercer episodio, fue el gran protagonista de la Revolución Francesa. Las primeras ideas revolucionarias las difundieron filósofos como Voltaire, Rousseau Montesquiu, etc. a los que también citó Del Nido. Pero a aquellos señores se unieron agitadores profesionales. En el tercer periodo se instauró un pseudosocialismo y  en la cuarta etapa intervinieron –y la dirigieron- los exaltados, propiciando que se hiciera con el poder el sector más radical de la Convención Republicana, los jacobinos, que, aliados con los “sin-calzones” instauraron  el régimen del Terror, comandado por Robespierre, a quien también se refirió Del Nido. La cuarta etapa acabó   institucionalizando el golpe de estado y otorgando la autoridad absoluta en la persona de Napoleón Bonaparte.

El presidente del Sevilla tan solo habló del triste final el Rey. Pero, ¿y Robespierre en quien recayó el poder en la cuarta etapa de aquella Revolución?.  Pues también fue ejecutado al igual que otros dirigentes jacobinos, como Saint-Just, Danton, Herbert… ¿Y la famosa toma de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico, un 14 de julio, hoy Fiesta Nacional de Francia? ¿Cuál sería el equivalente? ¿Habría que tomar la sede de la Liga o quizá el sitial de Jaume Roures?. Con la” toma de la Bastilla”, se creó la Guardia Nacional, a las órdenes de La Fayette. ¿Querrá del Nido ser el La Fayette guardián del fútbol español?.  O quizá, como le gustan tanto los sombreros, le apetece más ser Napoleón.

En fin…Todo esto y mucho más ocurrió en la Revolución Francesa. El presidente del Sevilla argumenta que lo de “ahora, con nuestro fútbol, es exactamente igual que aquello.” Pues ya ve que, entonces, no tan solo se ejecutó al Rey de referencia. Cayeron varios más, entre los revolucionarios. Y ya saben,” cuando las barbas de tu vecino…”

Es lo que hay cuando pretendemos culturizar un episodio que debería solucionarse en casa propia: en la sede del Fútbol Profesional, llámenla Liga o como quieran.


sábado, 3 de septiembre de 2011

Hablemos de tenis


Rafael Nadal es, sin duda, el mejor tenista español de la Historia. No hay duda. Durante años hemos estado disfrutando, en la pista primero y en el recuerdo después, de la magia de Santana, la clase de Orantes y la facilidad para todos los golpes de Andrés Gimeno. Y aquellos mosqueteros, espléndidos, como Joan Gisbert, “Lis”Arilla…Y de las proezas posteriores de Emilio Sánchez, la aparición, esporádica, como números uno, de Moyá y Ferrero, el Master de Corretja, los Roland Garros de Bruguera y esas maravillas que para nuestro tenis femenino supusieron Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez….No nos podemos quejar. No señor.

Y llegó  Nadal. ¡El más grande! Con el, Paris fue un fortín. Australia, dejó de ser una quimera. Y cayó, por fin, Flushing, que hasta entonces tan solo había conquistado una raqueta española: la de Arantxa. No confundir Flushing con Nueva York…Porque en la capital del mundo por excelencia, ya habían ganado Santana y Orantes.  Pero en otro escenario mítico: Forest Hills.

Yo también admiro y aplaudo a Rafa Nadal. Pero antes de que cumpliera 18 años comenté que muy probablemente  dejaría el tenis de alta competición, más o menos como Borg: poco antes de cumplir los 27 años. Creo, honradamente, que es casi imposible jugar con la generosidad que lo hace el manacorí, hasta los 30 años, esa frontera que, en general, aplicamos a la mayoría de los deportistas. Rafa debe ganar un punto, cuatro, cinco o seis veces. Y a Federer, por ejemplo, le machaca el revés, con bote alto y algo pasado, que acaba propiciando el error del helvético, al que es capaz de sacar de sus casillas. Pero esto requiere un gran esfuerzo.

Nadal acaba de confesar :”Nunca tendré un buen servicio”. No cabe duda de que lo ha mejorado mucho. Muchísimo. Pero le ha costado más de una lesión en los abdominales. Sus tendones rotulianos, sufren una enormidad. Las rodillas se resienten. Aguantan los isquios pero no tanto la zona del peroneo lateral corto y los tendones de Aquiles. No hablo de condiciones técnicas , por ejemplo, que las tiene y mejora constantemente. Borg se retiró psíquicamente agotado, multimillonario, dueño de una isla frente a Estocolmo, de un avión particular, protegiendo, en Mónaco, su inmensa fortuna –l6.000 millones de las antiguas pesetas, que luego perdió, pero esta es otra cuestión- en el paraíso de Montecarlo. También era generoso en el esfuerzo físico, como cuando ganó un Godó con 40 grados de fiebre. Se fue como Rod Laver, con 11 coronas de Grand Slam. Comenzó la comparación entre el sueco y el australiano: ¿Quien ha sido el mejor de la Historia? Nuestro Nadal ya está ahí…Pero, ¿aguantará su cuerpo?. En el ínterin aparecieron otros monstruos como Sampras y Federer,  por ejemplo.¿Quién ha sido el más grande?. El panel de candidatos ha aumentado. Djokovic justo comienza ahora. Veremos…

Si el mallorquín sigue jugando al más alto nivel cuatro o cinco años más, reconoceré que  me he equivocado en mi pronóstico. En mis temores…Y puedo asegurar que no habrá nadie más feliz que yo.